Hay un debate que intenta instalar el senador provincial y ex intendente de Junín, Pablo Petrecca, sobre la matriz económica / productiva, que necesita el interior bonaerense. El, promueve lo que llama el "Modelo Junín" como plataforma de gestión exportable basada en simplificación de tasas y atracción de grandes marcas comerciales. Sin embargo, un análisis de los datos laborales duros invita a pensar si ese es el camino correcto para reconstruir un perfil de desarrollo local.
Junín no es cualquier ciudad. Su historia como polo metalmecánico y ferroviario del noroeste bonaerense dotó a la comunidad actual de memoria industrial. Hoy, sin embargo, los registros del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI) exponen una fisionomía laboral polarizada que parece dar la espalda a esa herencia: el sector público (nacional, provincial y municipal) absorbe el 32,5% de los puestos en blanco, mientras que el sector privado se vuelca mayoritariamente al comercio y los servicios urbanos.
El desembarco de firmas como McDonald's Mostaza, o cadenas de supermercados, impulsados y celebrados por la gestión local como hitos, genera una contraprestación compleja. Según las escalas de la Federación de Empleados de Comercio y los convenios gastronómicos, estos rubros manejan los salarios básicos más bajos del mercado formal y presentan altas tasas de rotación. Funcionan, en la práctica, como "aspiradoras de ingresos": captan el circulante de la clase media local y renta agraria, y remiten sus utilidades fuera de la ciudad.
El Estado local facilita ventanillas para habilitaciones exprés, pero no genera las condiciones estructurales —como gas de alta presión, potencia energética regulada e infraestructura logística— que demanda un complejo industrial serio. Al mismo tiempo, incurre en una llamativa miopía estratégica al no aprovechar el ecosistema de conocimiento, ciencia y técnica que significa la UNNOBA. Resulta una paradoja que se sostenga una universidad de vanguardia para que luego las máximas aspiraciones laborales de la gestión se concentren en firmas de comida rápida; después de todo, para cocinar un "Cuarto de Libra" no hace falta un posgrado.
A pocos kilómetros, la ciudad de Salto por caso, ofrece una alternativa de industrialización en origen. Con una población tres veces menor (40.000 habitantes según INDEC), posee una de las densidades fabriles per cápita más altas de la región. La radicación de plantas como Arcor / Bagley el frigorífico de aves Soychú, la capacidad exportadora del Frigorífico La Anónima, el desarrollo biotecnológico de Corteva, la producción metalmecánica de Acoplados Salto y la fabricación de nutrición animal de Metrive, demuestra que es posible agregar valor al suelo. Estas corporaciones se rigen por convenios industriales cuyos salarios netos promedio superan ampliamente la media mercantil de la región. En Salto, el grano, el ganado y el acero se procesan localmente; la riqueza queda y se multiplica en el territorio.
Hace unos días escribí una nota de opinión que titulé “Junín, una ciudad de M…” y muchos sintieron que decía “mierda”. Se enojaron. La referencia fue a que todas las empresas que han venido empiezan con la letra M. Por eso esta nota se llama: “Junín, una ciudad de P” no por el apellido del Senador, sino por producción.
Es decir, el modelo ideal sería multiplicar empresas como Indelplas, Vila Maquinarias, Perkusic, Grupo Ceven, Molino Tassara o Frigorífico Junín y que luego vengan Burguer King, Starbucks, KFC, Subway y hasta Disney. Pero que se radiquen industrias y empresas que generen empleo para consumir.
Pablo Petrecca tiene una visión genuina y por elección. No por falta de capacidad. De hecho, el gobierno local ha hecho cosas muy buenas en otras áreas durante casi 12 años. Por eso es grave. No son vagos que no quieren pensar un modelo productivo genuino. Están convencidos de una modernidad capitalista a corto plazo.
La discusión de cara al futuro del interior no debe confundir impulsar el consumo persé, con el desarrollo genuino. Junín tiene escala para recuperar el perfil productivo. El verdadero desafío de las administraciones locales no es convertirse en facilitadores de empleo transitorio, en sectores de servicios básicos, sino en diseñar estrategias a mediano plazo que apuesten a la producción manufacturera y al valor agregado.
Claro, es un modelo de país a largo plazo. Pero sólido como una roca.

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