En estos días, a partir de la inauguración del centro comercial Alo, se generó discusión sobre el cartel que señaliza la terminal Mario Meoni. El gobierno local, a través de sus cuentas satélites en redes se encargó de mostrar que el señalamiento está. Un debate que expone mediocridad por parte de la oposición y más mediocridad por parte del gobierno local que invierte comunicación en contestar.
La expansión gastronómica de Junín y proyectos como el Shopping dinamizan la fisonomía urbana y el entretenimiento. Nadie podría oponerse a que la ciudad sume servicios. El error de la estrategia que impulsan el intendente Fiorini y el senador Petrecca no está en lo que promueven, sino en lo que omiten: Un proyecto productivo basado en el desarrollo industrial y tecnológico a mediano plazo. El comercio empuja la economía, pero la industria, definitivamente la desarrolla con solidez.
Apostar el futuro laboral de la ciudad casi exclusivamente al mostrador crea empleo de baja jerarquía y salarios precarizados por la propia coyuntura. Según datos de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el consumo doméstico acumula muchos meses en terreno negativo, asfixiado por una inflación que el INDEC traduce en caídas reales de ventas en supermercados. En Junín, esa fragilidad comercial ya pasa facturas: un informe de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA) reveló que la ciudad arrastra una deuda bancaria de más de 240 millones de pesos, con un 20% de deudores en situación de mora (Casi 34 millones). Por su parte, el informe de Proveedores No Financieros del BCRA desnuda que la morosidad explota en las fintech y billeteras virtuales como Mercado Pago o Ualá, donde los índices de impago superan el 20% nacional. Junín no es la excepción. Los vecinos ya no se endeudan para invertir; se endeudan para financiar el día a día. Cuando el bolsillo familiar cruje, el sector servicios es el primero en aplanarse.
Pablo Petrecca no admite críticas a su visión. Mirar el futuro de otra forma es con intención de criticarlo políticamente. Pero hay una diferencia estructural y de ingresos en diferentes modelos. Un mozo o un repositor, trabajos respetables, pero de bajos ingresos jamás alcanzaría los salarios de la economía del conocimiento o el sector industrial, donde el personal calificado cotiza al doble o triple según las escalas del Ministerio de Capital Humano de la Nación (ex Trabajo).
Hay métricas que alejan a la ciudad de un desarrollo productivo. El Producto Bruto Geográfico (PBG) que mide la Dirección Provincial de Estadística expone el desbalance: el Comercio tiene el 23,7% de la actividad económica local, mientras que la Industria apenas llega al 9,2%. El resto se lo reparten el Campo (18%), los asalariados privados (25%) y el sostén del empleo estatal (14%). ¿Hay un ingreso de dinero de las visitas regionales? Si. No hay datos concretos. Pero difícilmente pueda reemplazar, a mediano y largo plazo un ingreso genuino como es la industria y el valor agregado.
Junín tiene memoria Industrial y presente de conocimiento con Escuelas Técnicas y la UNNOBA que capacitan para la industria tecnológica y la transformación de bienes primarios. Cuando la prioridad es cortar cintas de paseos comerciales antes que diseñar dispositivos para atraer industrias, el Junín del futuro tendrá una oferta gastronómica excelente, pero trabajadores con bolsillos flacos.
La urgencia política del senador Petrecca, por posicionarse fuerte a la hora de una sociedad definitiva con Milei, lo está haciendo equivocar y el dígito multiplicador negativo se activa hacia adelante, no sobre su gestión como intendente. En la movida también queda expuesto el intendente interino Juan Fiorini, que en su carrera por más nivel de conocimiento se entregó a farmear aura.
Por ahora. El Peronismo no hace más que facilitarle las cosas al Gobierno local porque discute cartelitos en lugar de un proyecto de ciudad futura. Faltan actores que disputen poder seriamente y planteen debates necesarios. ¿Estarán por emerger?

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